No, realmente no lo es, es tiempo de naranjas, nieve y abrazos.De esperanza, y de espera, estamos alcanzando paulatinamente la época más hipócrita del año, la más bonita, en la que todo puede ser posible, y las mayores atrocidades, que no dejan de ocurrir porque llegue la navidad, hacen mella en nuestros ensombrecidos corazones. Es el tiempo en que rememoramos nuestra acciones y sus consecuencias. (Aunque estás últimas, las consecuencias, siempre suelen caer en el olvido)
Nuestra vida, desde un suspiro a una eternidad, y sin embargo, para mi, el cambio de año siempre ocurre en Septiembre. Pasado, presente y futuro.
Presente, porque hoy y ahora, soy feliz, tengo todo lo que necesito, a la gente que me quiere y completa, porque llorar por mi pasado, o por mi futuro, sólo me lleva a perder mi poco tiempo... mi presente, mi regalo.
A la espera de un maestro
(Lao Zen, en su montaña)
Ser auto suficiente no es realista, necesito de los demás, como ellos necesitan de mi... no puedo vivir en la soledad de mi burbuja, tampoco puedo estar por encima, arriba no veré, a los que están más abajo pidiéndome ayuda, no veré a quien piso en la subida, tampoco puedo estar por debajo, porque no veré el final de mi camino, mi meta, lo que se espera de mi.
(Lao mira las nubes, la inmensidad del cielo)
Quise enseñar, antes de aprender, quise ser como este cielo, albergar nubes y estrellas, sólo conseguí tormentas, no estaba preparado para descifrar los secretos del firmamento, no he conseguido mi meta, me he alejado de ella, por no saber esperar, no tener paciencia para madurar y hacer mío el conocimiento que se haya a mi alrededor.
Mi don no es suficiente.
Necesito un maestro, mi castigo por no saber usar mi don, por no haber tenido la paciencia y la humildad que me era necesaria, es la perdida, la espera.
Es lo único que puedo hacer, esperar, esperare a mi maestro, no me será revelado, él me encontrará a mi, llegará con el tiempo, para enseñarme, lo que tenía tan cerca y no vi.
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