viernes, 26 de junio de 2009

La dura vida de un "porqué"

La vida de Porqué no era sencilla. Casi siempre tenía que estar en boca de algún niño buscando satisfacer su curiosidad por las formas, colores, sonidos... Otras veces era la voz rota de una pareja que no entendía la razón de que todo acabase. En algunas ocasiones incluso tenía un papel importante en un juicio o un debate político.
Ese porqué se levantó la mañana de un lunes y descubrió que no daba a basto. Tenía trabajo en mil sitios a la vez. Tenía que estar en una boca en Alcorcón, después en otra en una oficina de Banesto, un segundo después en Pozuelo, al ratito en Manuel Becerra... demasiado trabajo. Y no era un trabajo agradable. Su misión en estos casos era la de salir al aire y quedarse esperando una respuesta que, para que nos vamos a engañar, no solía llegar.
Ese lunes la cosa no fué distinta. Pero no le importó. Es un porqué veterano y sabe que a veces su ayuda es lo único que le queda a las personas que lo pronuncian. Sabe que aunque se quede esperando fuera, las respuestas terminan llegando de dentro. Quizás no en forma de explicaciones, pero si de razones para seguir adelante.
Aún así, temía las horas siguientes. El porqué estaba pluriempleado y también hacía horas extras en un trabajo menos agradable, el trabajo de "porqué no". ¡Ahí si que veía cosas tristes! El tiempo que lleva trabajando le ha hecho entender que siempre duele más preguntarse "porqué no" que "porqué". Por alguna razón, las aristas de las cosas que dejamos sin hacer son más afiladas que las de aquellas que hicimos erróneamente. Por eso el porqué, que en el fondo es buena gente, suele intentar deshacerse del "no" para que la gente pueda entender que nadie puede saber lo que habría ocurrido de tomar tal o cual camino. Sólo podemos saber donde estamos en este momento y asumir que todo, TODO, lo erroneo, lo correcto, lo hecho, lo que quedó sin hacer, lo que recordamos y lo que dejamos olvidado, todo, nos lleva al hoy.
Cuando el "porqué" se convierta en "por que" y sea una respuesta le saldrán alas y dejará de ser el patito feo para convertirse en cisne. Llegará ese momento, lo sabe, y lo espera con paciencia.

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