viernes, 6 de marzo de 2009

El tunel al final de la luz

Pensé en hablar de la luz al final del tunel pero... esa es una visión más optimista que realista y mi gusto por el esperpento y el retorcer las cosas no ha podido resistirse a cambiar un poco la expresión para adecuarla a lo que voy a contar.

Una de las cosas más curiosas de la ceguera es que cuando uno se ha acostumbrado a la oscuridad y la lleva de forma natural como compañera de viaje rehulle de la luz porque su visión le hace demasiado daño a los ojos. Pero claro, "el Jefe" no es tonto y conspira para que nos demos de cara contra el foco y nos pase lo que a Saulo, que nos caigamos del caballo.

Los 2 o 3 primeros días después de caerse uno del caballo son comodos. Son los días de la luz, los días de sentirse acogido, querido, apreciado...
Después, como a Saulo y como a todo hijo de vecino viene el tunel al final de la luz: toca arrimar el hombro y ponerse a recoger todo el desorden que la oscuridad dejó.

Y en esas andamos, en el tunel al final de la luz. Eso si, este tunel tiene luces a los lados y teléfonos de socorro cada 200 metros.

1 comentario:

Tesshuo dijo...

"Eso si, este tunel tiene luces a los lados y teléfonos de socorro cada 200 metros." Tenlo en cuenta, siempre.